Me ha costado escribir mi primer post de México, pero ya sabéis que aquí las cosas van a otro ritmo. Así que un poco de paciencia.
El viaje
El viaje a México empezó con un pequeño susto. Al bajarme del autobús en Los Ángeles, y tras salir a la calle, me percaté de que se me había caído el móvil en el autobús. Vuelvo corriendo y me dirijo a la chica de la taquilla. Es mexicana, así que le digo en castellano que se me ha caído el móvil en el autobús de San Francisco. "¿Qué es lo que perdiste?"- me responde. Ya empezamos con las diferencias lingüisticas, y eso que todavía no he pisado México. Le digo que el "cell phone", porque no se como dicen en México al móvil, que luego me enteré que celular. La chica ya decidió que eram ejor hablar en inglés, cosa que me pasó bastantes veces hasta que llegué a Celaya. Pero por lo menos apareció el móvil.
El resto del viaje fue sin problemas hasta que llegué a la aduana en el aeropuerto de México. Uno colecciona barajas de cartas, así que en cada ciudad que he estado me he comprado una baraja, en algunos casos dos. Así que tenía unos cuantos paquetitos ordenaditos en uno de los bolsillos del mochilón. A la del escáner le debió de parecer sospechoso, así que deciden abrirme la mochila. Deciden que que mis barajas son inofensivas, así que puedo seguir con mis planes de forrarme vendiendo barajas en el mercado negro. Se acercan ofertas; precio de salida mill euros por baraja, que si no no hago nada.
Pero mis anécdotas con la aduana no terminan ahí. Al desempacar la maleta me encuentro con un papelito de una agencia estadounidense en el que me informan de que me han inspeccionado la maleta. Menos mal que no tenía candado, porque te avisan de que no son responsables de los posibles candados que hayan tenido que romper para lograr sus objetivos. Ahora entiendo porque en los aeropuertos venden candados aprovados por la TSA.. Son candados que se pueden abrir sin la llave; muy útiles.
Celaya
Para llegar a Celaya tenía que agarrar un autobús a Queretaro. Estos autobuses se abordan directamente en el aeropuerto, asñi que son bastante prácticos. Era un autobús de lujo, así que después de los autobuses en los que he estado viajando en Estados Unidos a uno le choca; ¿no era estados unidos el país avanzado?. Eso sí, para subir al autobús te hacen un control más exhaustivo que para subir a un avión. Hasta te graban en vídeo.
Cuando legué a Queretaro estaba esperandome Lalo para llevarme a Celaya con su auto. Queretaro (realmente la ciudad es Santiago de Queretaro, pero nadie la llama así) es la capital del estado de Queretaro. Y Queretaro es un estado que está al sureste de Guanajuato, estado donde está Celaya. En coche se tarda unos cuarenta minutos. Esto es para que vayáis conociendo algo de la geografía de México.
En Celaya no he hecho gran cosa. El primer día era el día de los muertos (2 de noviembre), así que Lalo tenía medio día libre. Aprovechamos para que me enseñase la fábrica, a donde fui en taxi. Aquí fue cuando puse los pies en el suelo y me di cuenta de la realidad de México. El auto era bastante cochambroso. Yo creo que andaba a pedales.
Después de la visita guiada a la fábrica (no hay nada como visitar fábricas con un buen guía) fuimos a comer a San Miguel de Allende, un pueblecito muy turístico y bastante chulo, de esos que se visitan en un par de horas. Aquí teníamos intención de comer carne, que debe de ser de muy buena calidad. Pero tuvimos la mala suerte de entrar en un restaurante especializado en peces y crustáceos. Ya probaré la carne en otro momento.
El miércoles y el jueves me dediqué a no hacer nada (bueno, ver NFL), que uno echaba de menos estar tumbado en un sofá sin tener que visitar nada, ni escribir un blog ni cosas de esas. Hubiese estado bien estar tumbado en la hamaca, pero es que hacía frío. Sí, sí, por la noche bajabamos a menos un grado, y aunque por el día subía hasta veinticinco, por la mañana seguía haciendo fresco.
El fin de semana, aprovechando que Lalo no trabajaba, si que hicimos cosas. El viernes fuimos a visitar Queretaro, un pueblo de esos que se ve en dos horas, solo que como fuimos a una discoteca pues nos quedamos algo más. La discoteca muy chula. Nada más entrar un camarero te pregunta si quieres barra o mesa. Si le dices que mesa te situan en una mesa con un par de banquetas y el camarero está todo el rato pendiente de tí. Te sacan una botella de ron y unas cocacolas y te van haciendo los cubatas... Además en la discoteca de vez en cuando subía un grupo; música en directo con dos cantantes muy buenas. Una forma diferente de ir a una discoteca.
Para continuar bien el fin de semana el Sábado fuimos a comer a una sociedad. Tenían frontón y todo, así que si me dices que estoy en un pueblecito vasco me lo creo. Ahí conocí a unos cuantos vascos. El que menos llevaba nueve años en México (bueno, quitando Lalo). Me hicieron un recibimiento curioso: beber tequila, que al parecer es típico. Tres chupitos seguidos, oíga. En ese estado no me podía ir a casa, así que nos fuímos a una discoteca que le gustaba a Daniela, una colombiana amiga de Lalo. Era una discoteca gay con mucha gente rara y un escenario en medio. Mi recuerdo de este sitio es nubloso, así que poco más puedo contar.
El domingo, afortunadamente, Agustín nos invitó a comer a su casa. Agustín es un amigo y vecino de Lalo. Nos hizo comida rica y luego vimos unas películas de temática suicida. Yo de vez en cuando abría los ojos y me enteraba de algo del argumento.
El lunes me dediqué a terminar de preparar mi viaje por México. Tras consultar la guía, algún foro y la wikitravel decidí que mi ruta pasaría por Oaxaca (la ciudad), la costa de Oaxaca (el estado), Chiapas y la península del Yucatán, osea, una mezcla de playas y piedras. Ya sabéis que lo mismo la cambio a mitad del viaje, pero lo que es seguro es que el 6 de diciembre tengo que estar en Cancún para agarrar un avión a Ciudad de México, que no me puedo ir de aquí sin visitarla.
Oaxaca
Para llegar a esta ciudad tuve que hacer trasbordo en Ciudad de México, pero no solo tenía que cambiar de autobús, sino que también de estación. Resulta que yo llegaba a la terminal norte y tenía que salir de la oriental, así que a coger un par de metros. De todas formas fue un viajecito de unas nueve horas, nada comparado con las palizas que me pegaba en los Estados Unidos.
Oaxaca es una ciudad de esas en las que paro porque está a mitad de mi ruta. Sin embargo en esta ocasión ha merecido la pena. El estado de Oaxaca es de los más pobres (si no el más pobre) de México, pero con una industria de turismo muy fuerte. Se veían mochileros y turistas por todas partes. La ciudad es de esas que se visita en un par de horas. En el centro hay una plaza (el Zócalo) con un montón de árboles que dan una sombra que se agradece (porqye aquí ya no hace tanto fŕio como en Celaya). en esta plaza también hay bastantes cafeterías y restaurantes. Aunque en el resto del centro no es difícil encontrar otros restaurantes (y probablemnte mejores), los de la plaza tienen la ventaja de poder cear en la terraza y disfrutar del encanto de la plaza, con unos cuantos mariachis tocando canciones a los que lo solicitan.
Como siempre tiene que haber una pega, en esta ocasión es que el pollo que utilizaron para hacer la enchilada que pedí estaba pasado, no sé si en vida o en muerte, pero me ha quitado las ganas de comer pollo durante el resto del viaje.
Excursiones
Además del centro, en un radio de treinta kilómetros hay bastantes cosas para ver. afortunadamente hay infinidad de tours organizados que te llevan a estos sitios en furgonetas. Lo más típico es ir al monte Albán, unas ruinas aztecas. Sin embargo yo no pude ir a esta excursión porque hacía falta un mínimo de 4 personas, así que hice otra excursión de medio día. La primera parada fue en Santa María dle Tule donde se enceuntra un arbolito de dosmil años nada más. Comparado con otros árboles (como por ejemplo las secuoyas de California) esto noes nada. Tampoco era un árbol excesivamente alto, pero si muy frondoso, porque se trata del árbol más gordo del mundo; hacen falta unas 30 personas para poder abrazarlo.
De aquí fuímos a Teotlitan del Valle, un pueblo Zapoteca donde mantienen su idioma y famoso por las alfombras artesanales. Un paisano nos hizo una demo de todo el proceso, desde cardar la lana, teñirla, tejerla y finalmente vender las alfombras. Alguna cosilla ya vendieron. La demo era interactiva; después de cardar un poco de lana preguntó si alguien quería probar. Yo me animé y lo hice bastante bien... el ridículo. El tipo lo hacía muy fácil, pero en cuanto probé vícoo las dos palas con sus alambres se quedaban enganchadas. Por lo menos me libre de ser el "afortunado" que experimentaría los tintes. Nos enseó como se obtenían los tintes verdes de un musgo y los rojos de un insecto, la chinchilla. Laparte interactiva consistía en hacer el tinte en la palma de la mano de un observador, que se llevaban una bonita palma colorida de recuerdo. A mí la cara colorada me duro unos segundos.
La última parada fue en Mitla, para ver más ruinas. Las ruinas de este enclave son únicas porque fueron realizadas por dos grupos de étnicos diferentes, así que la mitad inferior tiene una estética y la superior otra. Además como este lugar nunca fue deshabitado estaba todo bastante bien conservado... hasta que a principios del siglo XX llegó un geologo que lo dinamitó para encontrar tesoros. Para que luego digan de los conquistadores... Estos no necesitaban dinamitar nada para saquear las tumbas, así que el geólogo además de destrozar unos edificios históricos se fue con las manos vacías.
La gente
Aquí ya no me integro. Y no es que ya no pase desapercibido, es que se ve que soy vasco de lejos. Estaba cenando en la plaza del Zócalo cuando se me acerca un tipo de unos cincuenta y me dice que me siente con ellos, que también son vascos. Un guipuzcoano y un navarro que emigraron hace unos treinta años. Estuvimos hablando un rato, le pidieron una canción a un mariachi y me dijeron que mi viaje no era nada original, que es lo que hace todo el mundo.
Y es verdad. Aquí hay mucho mochilero; he conocido a una chica de Madrid que también va a la costa de Oaxaca, aunque ella luego va hacia el oeste, a Acapulco, y yo me iré al este, a Chiapas. Pero un Frances de Bretaña va a hacer algo parecido a lo que quiero hacer yo, aunque el tiene en su ruta Guatemala y yo no. Pero seguro que coincidimos en agún otro pueblo.
Lo que he aprendido
Hemos visto tantas películas de Holliwood que ya sabemos que ciudades hay en Estados Unidos, que los taxis son amarillos, que las casitas son bajas y unifamiliares, que hay gordos, y todas esas cosas que aparecen en las películas y que cuando las ves te limitas a decir "¡Anda mira! Como en las pelis".
Pero de México no. De México no tenía ni idea de nada cuando llegué aquí, así que toca aprender ahora. Aprendo de su geografía, de su historia y de sus costumbres. También intento aprender algo de su lengua, pero me cuesta mucho. Si tenéis curiosidad por aprended estas cosas buscad en la Wikipedia, que en este blog no se cuentan ese tipo de cosas.
Lo bueno
Después de hacer turismo en Estados Unidos, venir a México es una gozada. Todo es muy barato. Por ejemplo el albergue Paulina de Oaxaca costaba unos veinte las dos noches, mientras que en Estados Unidos pagaba unos veinticinco por un albergue por lo general bastante peor. La comida también es más barata, y aquí no me importa pagar la entrada para ver un árbol gordo porque total son treinta centimos. Seguro que con tanta sensación de que es barato termino gastando más que en Estados Unidos.
Lo malo
Con tanta noticia sobre los problemas en México, y avisos en la guía sobre problemas de robos y atracos, en el viaje a Oaxaca iba un poco intranquilo. Sin embargo tras pasear por las calles me quedé más tranquilo, aunque si que me ha quedado claro que aquí no me integro y que tengo que ir con cuidado (consejo aplicable a todo turista en toda ciudad).
El más friki
Estaba comiendo en un restaurante de una callejuela recóndita de Oaxaca, en un patio interior que aunque mantenía ua temperatura agradable no ofrecía mucho entretenimiento para aplacar mi aburrimiento. Así que pegué la oreja a la conversación de la mesa de alado donde estaban de dos estadounidenses y una lugareña. Los estadounidenses hablaban muy bien castellano (con acento mexicano), eran lingǘistas y estaban en México haciendo algún tipo de estudio sobre las lenguas de la zona.
La conversación era la típica de los idiomas y diferencias culturales cuando en una de estas uno de los lingüistas, que mas correctamente era fonetista, le pregunta a la lugareña si sabía lo que era una consonante nasal. Tras la evidente respuesta negativa le empiea a explicar que si a veces el aire sale por la nariz y a veces por la boca, pero puede que obstruyas y salga por los dos o primero por una y luego por otra, y que la eme con la a ma... Para que luego digan de los informáticos.
Miscelánea
Las carreteras
En México las carreteras son más o menos como las de allí (el más son como las de burgos y el menos pues peores). Pero aquí en concreto me refiero a las líneas pintadas. Si te fijas ves una raya en la mitad, que puede ser continua o no, y una raya a cada lado de la carretera. Seguro que estáis pensando en una carretera de doble sentido con un arcén en cada sentido, ¿verdad? Pues no. Aquí las rayas no son para dividir. Las rayas sirven de guía para acerte una idea de por donde tiene que quedar la mitad del coche. Lo normal es que dejes las líneas del "arcén" entre las dos ruedas para una conducción normal, y cuando quieres adelantar situas la raya del medio de la carretera en mitad del coche. El único problema que le veo es si dos coches que circulan en sentido contrario deciden adelanatar a la vez en el mismo tramo de carretera. Supongo que aplicarían Erlang B y vieron que era seguro en el noventa por ciento de los casos. Espero no vivir una situación del diez por ciento restante. Eso sí, no penséis que se pasan la ley por el forro, que vi una señal que recordaba que esta era la forma correcta de conducir.
Además en estas carreteras la señalización es escasa, y cuando aparece no es obligatoria, sino orientativa. Así que es normal que la gente circule sin luces por la noche, para "ahorrar" gasolina. Una cosa curiosa es que en los cruces sin semaforos no tiene prioridad el de la derecha; los dos tienen un stop y tienen que pasar uno de cada calle. Es bastante fluido. Pero por lo general da miedo, sobre todo la carretera que lleva a la costa de Oaxaca. Menos mal que estoy escribiendo esto y no me fijo mucho...
Cupo mínimo
Normalmente mi preocupación cuando quería comprar un boleto era si quedarían plazas. Sin embargo me estoy encontrando con el problema contrario, que no hay gente suficiente. El último problema me lo he encontrado al querer ir a la costa Oaxaqueña en avión. Se supoe que hay unos aerotaxis que te llevan por unos setenta euros en media hora, en lugar de las siete horas que tarda un autobús por un camino que supera a muchas montañas rusas (por cierto, a ver si el Planeta Solitario lee esto, que esa carretera estaría asfaltada,pero hoy por hoy...). Dice el capitán que no viaja si no hay un mínimo de dos pasajeros. Es curioso, porque caben tres, así que yo creo que ha tenido una buena semana y no necesitaba o no le apetecía volar. Que aquí no se trabaja si no hay necesidad. Inconvenientes de viajar solo.
El autobús a Puerto Escondido
Para ir a Puerto Escondido agarré un minibus de Service Express. Estos minibuses salen cada hora y tardan unas seis o siete horas. Yo agarré el de las nueve de la mañana porque así podía desayunar en el albergue (una tortilla mexicana bastante rica) y aun así llegar de día para buscar algún albergue tranquilamente. Sin embargo no más salimos el conductor se paraba cada cinco minutos y se ponía a revisar algo en los bajos del minibus. Cuando llevabamos una hora así nos dice que tiene una avería en la caja de cambios y que no puede pasar de alguna marcha, así que tenemos que esperar a que llegue el siguiente minibus para que nos reagarre. A ver si no llegamos muy tarde, que todavía no sé donde voy a dormir, y aunque hace calor como para dormir en la calle me han dicho que es peligroso, que los mosquitos te empujan.
Pi nche güerito!
ReplyDeleteNo te llevaste las pelotitas de malabares contigo????
QUEREMOS UNA FOTO MALABAREANDO!!!!!!!
Jaxenolaf Juggling Project!
Desempacar, agarrar un autobús, viajar en auto, no más... seguro que ya se te ha pegado lo del celular también.
ReplyDeleteA mí también me pareció eso de que de Estados Unidos tiene uno una imagen de modernidad que luego no es tanto. No suelen tener término medio: hay casas pequeñas y edificios altísimos, hay gente de complexión normal y gente gordísima (en las películas no se ve tanto como en la realidad), hay cosas muy modernas y cosas muy anticuadas, gente no religiosa y gente ultrarreligiosa. Han llegado a la luna pero las lavadoras que tiene la gente en casa, los autobuses o los teléfonos móviles hasta hace no mucho suelen son a menudo bastante más cutres que en Europa.
Unos cardan la lana y otros se llevan la fama. Igual se te da mejor lo segundo.
Eso de los recuerdos nublosos en la discoteca gay deja la puerta muy abierta a nuestra pervertida imaginación :)
ReplyDeleteQueremos una foto malabareando en un tugurio gay YA!!